SALMO 121

Canto de peregrinación.

Levanto mis ojos a las montañas:

¿de dónde me vendrá la ayuda?

2 La ayuda me viene del Señor,

que hizo el cielo y la tierra.

3 El no dejará que resbale tu pie:

¡tu guardián no duerme!

4 No, no duerme ni dormita

el guardián de Israel.

5 El Señor es tu guardián,

es la sombra protectora a tu derecha:

6 de día, no te dañará el sol,

ni la luna de noche.

7 El Señor te protegerá de todo mal

y cuidará tu vida.

8 El te protegerá en la partida y el regreso,

ahora y para siempre.

SALMO 122

Canto de peregrinación. De David.

¡Qué alegría cuando me dijeron:

«Vamos a la Casa del Señor»!

2 Nuestros pies ya están pisando

tus umbrales, Jerusalén.

3 Jerusalén, que fuiste construida

como ciudad bien compacta y armoniosa.

4 Allí suben las tribus, las tribus del Señor

–según es norma en Israel–

para celebrar el nombre del Señor.

5 Porque allí está el trono de la justicia,

el trono de la casa de David.

6 Auguren la paz a Jerusalén:

«¡Vivan seguros los que te aman!

7 ¡Haya paz en tus muros

y seguridad en tus palacios!».

8 Por amor a mis hermanos y amigos,

diré: «La paz esté contigo».

9 Por amor a la Casa del Señor, nuestro Dios,

buscaré tu felicidad.

SALMO 123

Canto de peregrinación.

Levanto mis ojos hacia ti,

que habitas en el cielo.

2 Como los ojos de los servidores

están fijos en las manos de su señor,

y los ojos de la servidora

en las manos de su dueña:

así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios,

hasta que se apiade de nosotros.

3 ¡Ten piedad, Señor,

ten piedad de nosotros,

porque estamos hartos de desprecios!

4 Nuestra alma está saturada

de la burla de los arrogantes,

del desprecio de los orgullosos.

SALMO 124

Canto de peregrinación. De David.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte

–que lo diga Israel–,

2 si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,

cuando los hombres se alzaron contra nosotros,

3 nos habrían devorado vivos.

Cuando ardió su furor contra nosotros,

4 las aguas nos habrían inundado,

un torrente nos habría sumergido,

5 nos habrían sumergido las aguas turbulentas.

6 ¡Bendito sea el Señor,

que no nos entregó como presa de sus dientes!

7 Nuestra vida se salvó como un pájaro

de la trampa del cazador:

la trampa se rompió y nosotros escapamos.

8 Nuestra ayuda está en el nombre del Señor,

que hizo el cielo y la tierra.

SALMO 125

Canto de peregrinación.

Los que confían en el Señor

son como el monte Sión,

que permanece inconmovible para siempre.

2 Jerusalén está rodeada de montañas:

así rodea el Señor a su pueblo,

desde ahora y para siempre.

3 No permanecerá el cetro de los malvados

sobre la herencia de los justos;

no sea que también los justos

inclinen sus manos a la maldad.

4 Colma de bienes, Señor,

a los buenos y a los rectos de corazón.

5 ¡Que el Señor haga ir con los malvados

a los que se desvían por camino tortuosos!

¡Paz a Israel!

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